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| La habitación roja (1908). Henri Matisse. |
Para empezar a cocinar, hay que querer hacerlo.
Por lo general, si decides empezar a cocinar, es porque te apetece, quieres y te gusta cocinar (también es posible que hayas encontrado un trabajo "fácil" de cocinero, que no te hace ilusión, pero que te da de comer, o simplemente, que necesitas cocinar para comer).
Si no tienes ganas de cocinar, seguramente el resultado será desastroso y los clientes no salgan satisfechos, con las posteriores consecuencias.
Por eso, es importante que el punto de partida sea que el cocinero quiera cocinar algo delicioso para los comensales, que les llene no sólo la barriga, sino también la cabeza mediante sensaciones estimulantes.
Aunque no es básico, también es importante tener unas buenas instalaciones donde trabajar, que los electrodomésticos sean los adecuados, que haya espacio, una buena encimera, utensilios varios, etc. La presentación de los platos es importante también, la comida no sólo entra por la boca, sino por todos los sentidos; olfato, vista, "tacto", oído...
Aunque es posible trabajar en la cocina solo y llegar a dar de comer a los comensales, es mucho mejor si hay un equipo que colabore para el fin de dejar satisfechos a los clientes: el recepcionista, el maître, el catador de vinos, el pinche de cocina, otros cocineros especializados en diversos platos, los camareros, etc.
Cuanto mejor sea el equipo y mejor funcione en cooperación, mejor se sentirán los clientes y mejor responderán a los estímulos.
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| Vieja friendo huevos (1616). Diego Velázquez. |
Es importante saber cuanto tiempo ha de estar la comida en el horno, para que los comensales no tengan que comerse una comida quemada ni cruda, que les dificultaría la digestión y se les haría muy pesada. La comida ha de estar en su punto justo, si hay mucha cantidad, que sea ligera, y si es una comida pesada, en poca cantidad.
Desde luego, cuanta mayor calidad tengan los ingredientes, más sabrosos saldrán los platos. Tienen que ser ingredientes que no estén caducados, frescos, del día a poder ser. Aunque también existe la posibilidad de hacer las recetas con ingredientes de "marcas blancas" y que salgan platos estupendos. Lo importante es el "savoir-faire".
Se puede conseguir un buen plato con pocos ingredientes, y es posible que teniendo todos los ingredientes del mundo no seamos capaces de conseguir un plato apetecible. Por lo tanto, lo importante no es tener todos los ingredientes, sino saber utilizarlos, mezclarlos, saber combinarlos, saber en qué orden, para así poder obtener un buen resultado. Es posible que con pocos ingredientes, bien gestionados, seamos capaces de hacer maravillas.
Hay cocineros que nacen con la creatividad en la sangre, y aunque no hayan ido a ningún curso de cocina hacen maravillas en la cocina preparando platos deliciosos.
También hay cocineros que han estudiado cursos de restauración con los mejores chefs, pero les falta ese toque de creatividad imprescindible para darles ese toque especial a los platos.
Por supuesto, también están los cocineros que aunque no tengan el don culinario a base de estudiar y practicar, consiguen realizar platos maravillosos.
Y por último están los cocineros que no nacen con el don, ni han estudiado ni practicado, y que llegan a la cocina y preparan pasta con una lata de atún.
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| Cristo en casa de Marta y María (1618). Diego Velázquez. |
Los comensales también son un punto muy importante en todo este proceso culinario. Tienen que ser comensales receptivos para que el proceso sea completo. Tienen que ser comensales abiertos a nuevas experiencias, que no les importe probar nuevos sabores, que tengan ganas de degustar la comida, con un sentido crítico y apreciando el trabajo realizado. Que sepan que están siendo parte de un proceso, no han ido a comer a un restaurante para tratar de otros temas externos y luego por la noche no acordarse ni de lo que han comido, van a ese restaurante específicamente para disfrutar de lo que allí se les ofrece.
Acabo extendiendo la metáfora al hecho de la obligatoriedad de la educación, en comparación con la "obligatoriedad" de comer, si no comes te mueres, si no aprendes, también te mueres, más mentalmente que físicamente (que también). Hay que comer conocimientos para seguir "vivo", vivo en el sentido de "saber" que estás "vivo".



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